Yolanda Martínez, Luna Fernández y Lubna Miludi son tres ciudadanas españolas que decidieron viajar con sus esposos a Siria en el 2014 y que han sobrevivido al derrumbe del califato del estado islámico

La fue entrevista realizada en la frontera oriental de Siria con Irak, en una caseta del campo Sirio de Al Hol

“Lo único que deseamos es Salir de aquí. No nos pueden condenar por cuidar de la casa y de nuestros hijos en el Estado Islámico” dice Yolanda con voz entrecortada en la caseta donde se hallan retenidas en condiciones peligrosas junto a otras 73.000 personas, de las cuales 92% son mujeres y niños. La historia no es fácil, el marido de una de ellas también es español y se encuentra preso en una cárcel Kurda; los otros dos ya fallecieron, lo cual deja a estas valientes mujeres en la cautividad siria.

Campo de acogida para familiares del ISIS, en el Noroeste de Siria.

Las tres mujeres de nacionalidad española aseguran que sus maridos las llevaron engañadas a Siria, se les prometió un viaje de placer y eterno turismo, no en Siría, sino  en Turquía, propuesta a la cual accedieron cautivadas por la religión islámica, la cual profesan. Se trata de devotas musulmanas con 10 años de matrimonio a sus espaldas. Las dos madrileñas son conversas y cada viernes rezaban juntas en la mezquita de la M-30 de Madrid, a la que Lubna acudía “De vez en cuando”. Ninguna ha cursado estudios superiores al bachiller.

Sostienen que sus maridos eran “meros empleados del Estado Islámico y nunca combatieron” y no asimilan «terrorismo a ISIS». Visten embarradas botas de montaña y polvorientos pantalones que asoman bajo las negras aballas con las que cubren sus cuerpos. “Esto nos lo pusimos porque quisimos”, espetan palpando su niqab, el velo integral que les cubre el rostro. Se plantearon abandonar el califato, pero les dijeron que lo harían sin sus hijos. Ninguna lo intentó.

Llevan poco más de un mes cautivas en este campo que se ha transformado en un minicalifato. Ellas residen en el ultimo tramo del campamento. Entre decenas de miles de figuras negras tan solo se avisa una colorida Niqab.  “Ahora soy parte de los kufas [infieles] porque solo llevo el pañuelo” dice Geilan Su, originaria de las islas de Trinidad, mientras que muestra sus moratones, fruto de la paliza y castigo por parte de las yihadistas más recalcitrantes.

“Estas mujeres no se han rendido”, apunta uno de los uniformados con el rostro cubierto por un pasamontañas sin despegar el índice del gatillo de su fusil. 

A las condiciones se suman condiciones de insalubridad extremas, tal y como ha advertido Naciones Unidas. Enfermos, heridos por las batallas o simplemente desnutridos por falta de alimento, 126 menores han muerto en los últimos tres meses.

“¿Para qué quiere a las españolas? ¿Nos vais a sacar?”, pregunta temerosa y en árabe una voz entre un mar de figuras negras. “Quiero salir de aquí”, repite con los ojos desorbitados y la respiración entrecortada Lubna Miludi, española de 40 años nacida en Rabat y madre de tres hijos. Visiblemente traumatizada tras sobrevivir a semanas de bombardeos y combates en Baguz

«Solo queremos salir de aquí con nuestros hijos en paz y como buenas musulmanas”. Aún en visible estado de shock. “No vinimos voluntariamente, nos trajeron”. Aseguran que su marido las llevó con buena intención, pero que una vez dentro, salirse del califato entrañaba dejar a sus hijos.

La madrileña Yolanda Martínez, de 34 años y madre de cuatro hijos La madrileña Luna Fernández, de 32 años y madre de cuatro hijos. La española Lubna Miludi, de 40 años y madre de tres hijos.

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Por dbastidas

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